El kéfir es un cultivo fermentativo y sus efectos son conocidos desde hace miles de años. Es originario de la región del Cáucaso. Se decía que los que ingerían este cultivo vivían más de 100 años, por eso se le atribuye propiedades que ayudan a mantener la buena salud y a alargar la vida.

Son gránulos gelatinosos, de color blanco, similares a las flores de coliflor que, al fermentar se consigue una bebida carbonatada ácida (por el ácido láctico que contiene).

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El kéfir posee propiedades desintoxicantes, regenerando las defensas naturales, también estimula el sistema inmunológico. Su principal virtud es mantener el equilibrio de la flora intestinal.

Existen dos tipos de de Kéfir, el de leche y el de agua. El más conocido es el  de leche porque es parecido al yogur, aunque no tan difundido.

Su preparación es muy fácil de realizar: en un frasco de vidrio se colocan tres cucharadas de nódulos de kéfir, 50 gramos de azúcar (opcional) para activar la fermentación y un litro de leche. Se tapa el recipiente y se deja reposar a temperatura ambiente durante 24 horas.

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Transcurrido el tiempo necesario se cuela el líquido, con un colador que no sea metálico, se lava el frasco y se repite el proceso nuevamente con más leche fresca. Por último, se extraen los nódulos, se exprime el limón en el líquido obtenido, que resultará apenas dulce y ligeramente ácido.

Esta leche kefirada se puede mantener en la heladera durante 14 días. Es recomendable tomar,diariamente, el equivalente a un pote de yogur.