La distracción ha sido un problema de siempre en niños, aunque haya algunos niños que tienden a dispersarce más que otros. El solo hecho de que pase una mosquita volando, es suficiente para que se queden distraídos mirándola. Pero esta distracción puede llegar a su fin teniendo en cuenta una serie de cuestiones.

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Ante todo es necesario no etiquedar al niño de distraído o colgado, ya que de lo contrario le estamos ofreciendo una etiqueta con la cual se identifique y eso quede así inmodificable, como sí fuese innato.

La clave está en hacer una cosa por vez. Sí el niño está realizando alguna actividad, cualesquiera que sea, no se le debe dar ninguna órden. Sí esto quiere hacerse, primero se debe llamar su atención y establecer una conexión de miradas que de por sentado que nos está oyendo y haciendo fco en nosotros y recien ahí se debe hacer el pedido.

Sï de lo que se trata es de cambiar su conducta distraída, debemos por empezar a hacer un cambio nosotros en relación a dar una órden por vez y no todas junsta. Lo ideal es efectuar un pedido, y una vez que éste haya sido concretado se puede, recién en ese momento dar, otra órden.

Por último, lo que se recomienda para los niños que son distraídos es establecerles rutinas, en el sentido de delegar pequeñas responsabilidades que queden a su cargo. Por ejemplo levantar la mesa, hacer su cama, etc.